Agua – Historia

Servicio de Agua
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La historia de un servicio elemental

 

Tratamiento 
Por las características del clima para nuestra región el agua es un recurso escaso, pero el trabajo coordinado y planificado da muestras de que es posible brindar un servicio de calidad.

Desde sus inicios, la provisión del servicio se realizó con una visión a futuro. La localidad de Cuesta Blanca fue elegida como el mejor lugar para realizar la captación y el tratamiento de las aguas del Río San Antonio (ver marco geográfico) por dos razones: por un lado, al estar el sitio de captación más elevado que la zona a servir es posible traer el agua por gravedad, disminuyendo los costos energéticos y de infraestructura que acarrea el bombeo. Por otro lado, sus aguas presentan naturalmente una excelente calidad química y bacteriológica debido a que son de origen pluvial y a la escasa presencia de asentamientos humanos aguas arriba de la toma.

Actualmente el sistema cuenta con una red de más de 300 kilómetros de longitud y con una infraestructura adecuada para abastecer a una población que oscila entre 90.000 habitantes en invierno y más de 100.000 en temporada estival, a través de 18.840 conexiones en toda la región.

En este contexto, es imposible desconocer la explosión demográfica que viene experimentando el Valle de Punilla y el incremento en la demanda de agua que ello ha generado. Aún con esta transformación, el servicio ha mantenido su calidad y siempre se han dado respuestas a la cantidad de usuarios que se fueron incorporando, siguiendo fieles al lema “Agua para todos” que ha guiado históricamente el accionar de la cooperativa. Gracias a ese imperativo, Villa Carlos Paz es una de las pocas ciudades que ofrece un 100 % de cobertura a los vecinos, brindando el servicio sin distinción a los sectores más vulnerables económicamente.

Entendiendo que el crecimiento poblacional es una realidad que seguirá existiendo en la zona, la Coopi viene desarrollando campañas educativas y de concientización para disminuir el derroche de agua y asumir responsablemente el cuidado del recurso. Persiguiendo este objetivo se han incorporado los medidores de agua que permiten generar un control del consumo a través del cobro de una tarifa medida. El fin último de todas estas acciones es la formación de usuarios responsables en lo ambiental –ya que el agua es un recurso no renovable- y comprometidos con el servicio, dado que sin la intervención organizada del accionar humano es imposible pensar en una prestación de calidad sostenida en el tiempo.

Una larga cadena de obras
En 1987 se comenzó con la construcción de la Planta Potabilizadora de Cuesta Blanca, iniciando la primera etapa de un plan de obras estratégico regional para la provisión de agua potable en la zona sur del Valle de Punilla.

La infraestructura desarrollada marcó un antes y un después en el servicio en materia técnica y política, debido a las deficiencias del mismo durante la década del 70 e inicios de los 80, problemas que se fueron resolviendo con la toma de desiciones y el trabajo constante. Actualmente, puede afirmarse que existe un 100% de cobertura del servicio sostenido con recursos públicos.

Desde el año 1996, el tratamiento del agua se realiza en esta moderna planta que fue construida con el objetivo de garantizar el cumplimiento de cuatro parámetros básicos que requiere el servicio: cantidad, calidad, generalidad (total cobertura) y regularidad (del caudal y la presión); según exigencias de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Subsecretaría de Recursos Hídricos de la Provincia. Por esta razón, es un componente fundamental en la larga cadena que recorre el agua para llegar potabilizada a cada uno de los domicilios de los usuarios.

Debido al rol central que cumple, el complejo de la planta ha recibido una atención particular, siendo depositario de importantes inversiones en diferentes momentos, aún durante las serias crisis económicas por las que ha atravesado nuestro país.

Una de las transformaciones fundamentales se produjo en el año 2000 cuando, mediante fondos que se generaron a través del rubro obras, comenzó el proceso de incorporación de filtros. Esta obra se completó en el año 2002 y su concreción permitió dar una solución definitiva a la calidad del agua. A través de esta inversión, se resolvieron los problemas de turbiedad y color, garantizando una menor dosis de cloro, eliminando las de trialometanos y desechando todos los microelementos flotantes.

Además, el complejo cuenta con una cisterna de 2.500 m2 que tiene la capacidad de almacenar dos millones y medio de litros de agua ya potabilizada. Aquí se completa el proceso de clarificación y desinfección y actúa también como una pequeña reserva ante una eventual salida de funcionamiento de la planta.

En septiembre de 2005, a través de una inversión de $ 500.000, se puso en funcionamiento la estación de bombeo que permitió disminuir considerablemente los problemas de presión que sufrían los sectores más elevados de la topografía serrana. Esta dificultad se daba fundamentalmente en temporada de verano, cuando el aumento del consumo generaba deficiencias en la cantidad.

Si bien el agua es examinada cuidadosamente en sus aspectos físico-químicos y bacteriológicos por el Departamento de Calidad, actualmente se encuentra en construcción la Casa Química, ubicada en los predios de la Planta de Cuesta Blanca. En esta nueva infraestructura se organizará el acopio y la centralización de los insumos químicos, se realizará la preparación y mezcla de los mismos y contará con un moderno laboratorio para maniobrar de manera electromecánica y automática los distintos esquemas de la planta de tratamiento (motores de floculación, lavado de filtros, etc.). Este funcionamiento operará bajo normas estrictas, generando controles de calidad constantes y sistemáticos. La obra, que también incluye una oficina para los operadores de la planta, implica una inversión de dos millones y medio de pesos.

El agua como un bien social
El agua, un recurso tan valioso como escaso, debe ser administrada con absoluta responsabilidad y conciencia ambiental. Esos son los parámetros que guían nuestro trabajo.

En noviembre del año 2002 se marcó un hito en la historia de los derechos humanos ya que, por primera vez, contar con agua segura fue reconocido de forma explícita como un derecho humano fundamental por el Comité de Derechos Económicos, Sociales y Culturales de las Naciones Unidas. A partir de esta declaración, el acceso al agua potable fue reconocido como factor indispensable para llevar una vida digna. Además se considera que, sin este, otros derechos fundamentales como la salud se tornan inalcanzables.

El reconocimiento del agua como un derecho universal de mujeres y hombres posee también una contraparte; implica una lucha por la defensa del agua como bien común, como sostenedor del ecosistema natural, como elemento vital que debe administrarse a nivel comunitario y con control local. Para la Coopi, considerar el agua como un derecho es también defender su cuidado como una responsabilidad social, donde toda la comunidad se involucra y se compromete en la vigilancia de su uso, evitando el despilfarro, la contaminación y la degradación de las cuencas y actuando como grupo de control frente a posibles amenazas externas.

La Organización Mundial de la Salud establece que el consumo diario ideal es de 200 litros por persona. En Villa Carlos Paz este número se eleva a 381 litros diarios por habitante, valor que ha ido disminuyendo a partir de la colocación de los medidores domiciliarios. Frente a esta realidad, desde la cooperativa se proponen permanentemente acciones para fomentar la conciencia sobre el cuidado del agua y del servicio a través de la información, la educación y la formación paulatina de la “cultura hídrica”.

La región conserva todavía una buena calidad ambiental, lo cual constituye un privilegio y una responsabilidad. Para que el servicio de agua sea sustentable se deben coordinar aspectos como la administración y el mantenimiento de la calidad del recurso natural; pero ello debe ir acompañado de un sostenimiento del servicio, anclado en el desarrollo y el crecimiento que demanda la urbanización. Todo servicio implica un costo de prestación que deben asumir los actores involucrados.