¿Cómo cuidamos nuestra cuenca hídrica?

¿Cómo cuidamos nuestra cuenca hídrica?

Para lograr la conservación de la cuenca existen diferentes acciones posibles. Algunas deben surgir desde el Estado, que es la institución máxima encargada de velar por el bien común. Sin embargo, la responsabilidad del cuidado ambiental pasa también por cada uno de los actos que cotidianamente realizamos los que habitamos este territorio, por ende, nos involucra a todos.
Estas son las principales acciones para cuidar de nuestra cuenca hídrica:

Planificar el crecimiento demográfico y el desarrollo urbano
Una de las acciones prioritarias a realizar es un ordenamiento territorial que contemple zonas factibles de urbanizar, zonas que deben conservarse en su estado silvestre (a través de reservas naturales), territorios con prioridad para ser restaurados o protegidos, espacios verdes que funcionen como pulmones para las zonas urbanizadas (las plazas arboladas, por ejemplo), espacios públicos recreativos, etc.
Esta demarcación según zonas y usos diferenciados del suelo y de los recursos naturales en general es de vital importancia para proteger funciones elementales del ecosistema en que vivimos. Una ciudad o un pueblo que no garantiza la convivencia sustentable del ser humano con su entorno natural se torna incompatible con una buena calidad de vida.

Detener la erosión hídrica
La solución a la erosión hídrica (también de la eólica) pasa por aumentar la cobertura vegetal para proteger al suelo de la acción del agua. La presencia de vegetales hace que el agua sea retenida por ellos facilitando la infiltración; las raíces también contribuyen a sostener el suelo evitando su arrastre.
Es imprescindible para la salud de nuestra cuenca que exista una buena cobertura vegetal en las sierras. Sin suelo, las precipitaciones solo caen y corren como en un tobogán y generan cada vez crecidas de mayor volumen ante lluvias intensas. El problema es doble: se retiene menos agua en el tanque natural que constituyen las montañas y se aceleran y agravan las crecidas.
Por eso, el manejo de los paisajes en la parte más alta de la cuenca, en complemento con otras acciones, puede contribuir a prevenir las faltantes de agua y sus consecuentes conflictos sociales durante la estación seca, cuando el caudal de arroyos y ríos tiene valores mínimos.

Lograr un equilibrio sostenible entre urbanización, suelo y flora
El avance de la urbanización, a través de la construcción de inmuebles o de obras públicas, representa una modificación constante de la flora autóctona y, en consecuencia, del suelo. Sectores que durante años se conservaron sin asentamientos humanos se transforman en poco tiempo en agrupamientos urbanos. A nivel global esto puede leerse como consecuencia del aumento mundial de la población; a nivel local, debe considerarse que la región se ha transformado en el lugar elegido como residencia de gran cantidad de personas provenientes de Córdoba capital u otros puntos del país por su atractivo paisajístico y ambiental. Lo cierto es que hay muchos más residentes que hace unos años y que justamente por ello debemos cuidar los recursos ambientales que tenemos para asegurarnos una buena calidad de vida para todos.
La preservación de una porción de la vegetación nativa en los terrenos privados puede contribuir a que el equilibrio biológico no se rompa. También se pueden arbolar veredas o forestar los espacios verdes con estas especies, intentando reintroducirlas en los ecosistemas urbanos.

Proteger y multiplicar los árboles y las plantas propias del lugar y controlar las especies invasoras
Es una buena medida de conservación ambiental que repercute directamente en el recurso hídrico, porque ayuda a recomponer el suelo, esa especie de “esponja” donde se almacena el agua. Está comprobado científicamente que los árboles autóctonos como el algarrobo, el molle, el chañar, el espinillo, el tala, el tabaquillo entre otros nos ayudan a cuidar el agua porque para vivir necesitan menos cantidad que las plantas exóticas que provienen de lugares más húmedos que el nuestro.

Diseñar las obras y los servicios públicos adecuadamente
Para que el acceso a las prestaciones no se vea desbordado ni repercuta negativamente en los recursos naturales. En relación al recurso hídrico, toda comunidad que se desarrolla debe prever la manera de asegurarse la provisión de agua con determinada proyección en el tiempo, es decir, pensando y planificando el futuro.
Esto implica prever nuevas obras hidráulicas, detectar fuentes de provisión alternativas, establecer mecanismos para cuidar los recursos del presente, etc.
Cuando no se actúa con previsión se está cargando en las futuras generaciones no sólo la solución del problema, sino también costos más elevados y los inconvenientes que la carencia de un buen sistema de agua provoca en el desarrollo de las regiones.

¿Qué podemos hacer para mejorar nuestra cuenca hídrica? En la mayoría de las acciones que acabamos de enumerar es posible participar, de una u otra manera, para cuidar la cuenca en la que vivimos. Podemos actuar como vecinos, como alumnos, como ciudadanos… Exigiendo nuestro derecho a un ambiente saludable, actuando personalmente para conseguirlo, informándonos sobre cuál es la situación de nuestros recursos ambientales… todo sirve!

¿Sabías que hay científicos dedicados a investigar cómo cuidar nuestra cuenca hídrica?

En el siguiente link encontrarás un artículo publicado por el diario La Voz del Interior que cuenta parte de estas investigaciones:
http://www.lavoz.com.ar/ciudadanos/identifican-que-paisajes-serranos-guardan-mas-agua

Actividad turística y ambiente

Una de las causas fundamentales que inciden en la degradación de nuestra cuenca es la actividad turística intensiva sin una adecuada preservación de las riquezas ambientales. Así como el turismo puede ser el motor para el desarrollo económico, puede convertirse también en una actividad generadora de efectos nocivos para los recursos naturales y para la calidad de vida de los habitantes.
En nuestra región, uno de los principales atractivos está vinculado al agua: los ríos y el Lago San Roque han sido históricamente un imán para los visitantes. Es por ello que se torna esencial cuidar el recurso que es al mismo tiempo un servicio turístico y nuestra fuente abastecedora de agua.
Si la actividad turística y la oferta de servicios que de ella se desprenden no se realizan teniendo en cuenta algunas pautas de conservación de los recursos naturales, pueden intensificar un proceso de degradación de los cursos de agua y del lago. Además, el deterioro de la calidad del agua en estado natural obliga a extremar los procesos de potabilización y así se encarece el servicio.

Entonces… ¿cómo actuar para preservar la riqueza ambiental y turística?

Por ser la industria turística una de las claves del crecimiento regional, se torna imprescindible planificar su desarrollo con acciones concretas que tiendan a regular el uso de los recursos hídricos. El objetivo de esto es doble: por un lado, garantizar que la calidad del agua no se deteriore; y por el otro, asegurar la calidad en el recurso turístico que se ofrece. Para lograr esto es necesario asumir responsabilidades desde los diferentes sectores, generando una conciencia ambiental en vecinos y visitantes, propiciando la infraestructura adecuada para proteger los cursos de agua –redes cloacales, procesos depuratorios adecuados, tratamiento de residuos sólidos y cestos de basura en las costas, por ejemplo- y actuando con conciencia ambiental cuando se hace uso de las riquezas paisajísticas que nos ofrece la región.
Actualmente, la cuenca del Lago San Roque y sus afluentes se encuentran afectados en varios sectores por procesos erosivos vinculados a estos fenómenos. Lo importante es trabajar para remediar estos problemas y planificar a futuro, para impedir nuevos efectos nocivos para la cuenca.

Historia de una lucha: “Sí al agua, No al dique”

El crecimiento de la población y la búsqueda de alternativas para proveer de agua a la Ciudad de Córdoba desataron, en el año 1998, un importante conflicto entre el gobierno provincial y la población local. Bajo el argumento de la necesidad de proyectar nuevas obras hidráulicas que sirvan como reservorio de agua surgió del gobierno provincial el proyecto Dique de Cuesta Blanca, consistente en la construcción de un gran paredón de 793 metros de longitud y 82.50 metros de altura. La envergadura de la obra puso en alerta a los habitantes de las localidades ubicadas aguas abajo. El impacto ambiental, entre ellos la retención de áridos aguas arriba, fueron los argumentos movilizantes, ya que hubiera acarreado más perjuicios que beneficios en una región netamente residencial y turística.
La gran movilización popular obligó al gobierno a dar marcha atrás con el proyecto.
Los representantes de la sociedad civil manifestaban mediante el lema: “Sí al agua, no al dique”.
La oposición al dique de Cuesta Blanca es la manifestación local de un debate global. Hoy está muy cuestionada la verdadera conveniencia de continuar haciendo este tipo de obras.